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No, y no está pensada para eso. La herramienta ordena y analiza lo que tú has observado: no escucha al niño, no toma la muestra y no emite un diagnóstico. Te ahorra la parte mecánica —alinear producción y objetivo, cruzar con normas, redactar— para que dediques el tiempo a la decisión clínica. El juicio final es tuyo y el informe lo dice de forma explícita.
Las del español, con una lista cerrada de fuentes y cada afirmación normativa citada. Para adquisición de fonemas y supresión de procesos usa la literatura del español peninsular —Bosch (2004), Bosch (1983) y Acosta, León & Ramos (1998)—; para clasificación y diagnóstico diferencial, Dodd (2014), ASHA (2007) y RCSLT (2024). Las edades se presentan como rangos orientativos, no como puntos de corte, y el informe recuerda que conviene contrastarlas con la prueba normalizada que uses (RFI, PAF, AREHA).
En las dos cosas. Además del análisis, el informe propone de uno a cuatro objetivos priorizados y el enfoque con evidencia que encaja con ese perfil: pares mínimos, oposiciones múltiples, Complexity Approach, Core Vocabulary, ciclos o enfoques motores (DTTC, ReST, NDP3) si hay sospecha de DVE/CAS. Son propuestas razonadas y citadas, no un plan de sesión cerrado.
Sí, porque no te pedimos datos identificativos. No hay nombre, ni fecha de nacimiento, ni centro: cada análisis se guarda con un hash anónimo y solo contiene la edad y las producciones que escribes. No compartimos ni vendemos ese contenido. Si además evitas escribir el nombre del niño en el campo de producciones, el análisis no contiene ningún dato personal. Puedes leer el detalle en privacidad de los datos.
Con 15–20 palabras que mezclen errores y producciones correctas ya sale un análisis útil. Por debajo de 10 el análisis es parcial y la herramienta lo marca así, con la gravedad en modo preliminar. Para calcular el PCC con sentido hacen falta 50 o más palabras: si no llegas, el informe pone «no calculable» en vez de inventarse un porcentaje.
Logopedas y terapeutas del lenguaje que trabajan con población infantil con trastornos de los sonidos del habla. Está escrito con terminología clínica y da por hecho que sabes leer un inventario fonémico. No es una herramienta para familias ni para autodiagnóstico.
De momento no: la herramienta trabaja con la normativa del español y esa es la única con la que interpreta edades de adquisición y supresión. El italiano y otras lenguas están en la hoja de ruta, pero no las anunciamos hasta que la base normativa esté bien resuelta.
No. Puedes escribir en AFI si lo tienes por costumbre, pero el formato natural «dice tasa por casa» funciona igual de bien. Marca también las palabras correctas.
Está calibrado para población infantil (1 a 12 años), que es donde existen las normas de supresión que usa. Fuera de ese rango el análisis pierde su referencia principal.
Unos minutos, según la longitud de la muestra. El tiempo que te ahorra está en lo que viene después: no tienes que montar las tablas ni redactar el esqueleto del informe.
Nada. Ahora mismo es completamente gratis: estamos en fase de integración y buscamos logopedas que la usen y nos cuenten qué mejorar.
Puedes pedírselo, pero un chatbot generalista no está hecho para esto. No alinea producción y objetivo fonema a fonema de forma determinista, no trabaja con una normativa cerrada del español y puede inventar edades de supresión o citas que no existen. Además, pegar datos de un menor en una herramienta de uso general plantea dudas de protección de datos.
ellogopeda calcula el inventario y los recuentos de forma verificable, cita solo fuentes de una lista cerrada y marca como «no evaluable» lo que la muestra no permite afirmar. Y funciona sin ningún dato identificativo del niño.
Hoy hay tres grupos. Los asistentes generalistas (ChatGPT, Claude, Gemini) sirven para redactar materiales, adaptar textos para familias o preparar sesiones, siempre revisando lo que escriben. Las herramientas de transcripción automática ayudan a pasar a texto el habla espontánea, aunque con habla infantil alterada fallan mucho. Y las herramientas clínicas específicas, como el análisis fonológico con IA de ellogopeda, resuelven una tarea concreta con criterios publicados.
En todos los casos la decisión clínica sigue siendo del logopeda.